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PFG COMUNICACIÓN SOCIAL. UBV-MISIÓN SUCRE. Zulia, Mérida y Trujillo

Crónicas de la historia crónica

“Se acabó el pan de Piquito” 

Vidal Chávez López 

    Connotados historiadores y filósofos, entre ellos el español Pánfilo Pantufla, el indonesio Panmunjong Pandeglang y el cronista de Indias Pandolfo Paniagua, cuentan que “Piquito era un bobo de la yuca nacido entre los Años I y III, en tiempos de Cristo”. Sin embargo, sesudos analistas ideologizados lo han querido vender como “el novísimo pan del desierto” y “el postrimer panecillo que sobrevivió a la multiplicación de los panes”.  

    Estos últimos pensadores señalan que el aludido, al ser amenazado de muerte por miembros del ala ultraderechista de los seguidores del televangelista Pan Robertson, tuvo que abandonar la nación de Panlestina. Después de atravesar lúgubres pantanos de los cinco continentes, fijó residencia en el callejón El Panqué, del barrio El Panete, de la República de Panganistán.

     
      Los citados cuentacuentos resaltan que el único vicio del susodicho era comer pan insaciablemente durante las 24 horas del día, lo que le generó una panza redonda de dimensión respetable. “Era tanto el desenfreno de Piquito, que en una sola sentada devoraba entre nueve y doce cuentas de pan rellenos de bolillos de azúcar y queso de leche de pantera”, escribió Pánfilo Pantufla en su conocido libro El bolillo no es pan francés.  

    El ensayista italiano Pancracio Pansini resalta que Piquito siempre combatió a los psiquiatras que, tratando de convencerlo, quisieron corregir su panadicción engañándolo con el placebo gastronómico de que “a falta de pan, buenas son tortas”. Revela Pansini que Piquito aturdía y hacía llorar inconsolablemente a estos facultativos increpándoles en los ojos: “Contigo, pan y cebolla”. Derrotados gastronómicamente, los psiquiatras, llamando al pan, pan y al vino, vino, tuvieron que admitir que “quien hambre tiene, en pan piensa”.  

    Por su parte, el panchen-lama Pandu Panqué, quien murió ahogado en los canales de Pangales, Madagascar, resalta que Piquito contribuyó con el desarrollo de la Filosofía al derrumbar algunos apotegmas y romper paradigmas de la doctrina pancista, tendencia que sostiene que “no sólo de pan vive el hombre”. Ahondando más allá de su abultada panza, psicoanalistas como Pandavas Pandroso han escrito que Piquito “sufría de pantofobia o falta de miedo al pan”.

     
      Algunos cerebrados paniguados conocedores de la historia panamericana, como Pantagruel Panales, Panfilo Panquehue y el célebre Pancracio Pandemonium, concuerdan al señalar que Piquito profería un desgarrador y ensordecedor lamento borincano que se escuchaba en el Panete de la ciudad de Panchancha. El grito en cuestión era: “Se acabó el pan de Piquito”.  
 
 
 
 


      De esta manera, todos los vecinos sabían cuándo se le terminaba el pan a Piquito. Esclareciendo que “las penas con pan son menos”, el panadicto del suburbio El Panete sólo enmudecía cuando su madre, Pándida Tulipán, ordenaba la compra de centenares de cuentas de pan en el amasadero La Panera. Sin embargo, para manifestar que su saciedad era infinita, Piquito pantentó la manoseada frase: “Pan para hoy y hambre para mañana".   

    La ganada fama de Piquito se respaldó en que, supuestamente, en algunos pergaminos descubiertos cerca de Pandharpur, India, se le menciona como uno de los invitados especiales que asistió a la multiplicación de los panes. En tal sentido, el historiador Pandáreo Pantoja alega que “de allí le venía a Piquito su desenfreno desmedido por comer pan”. Resalta que “esta glotonería incontrolable, le producía a Piquito una panhidrosis o sudación en todo el cuerpo”. 

    Piquito, entre tímidos balbuceos, siempre negó su presencia en el conocido hecho bíblico de la proliferación de los panes. Sin embargo, en una Historia de Vida apócrifa que se vendió como pan caliente en la ciudad de El Pantón, España, y en las islas Pangutaran, Filipinas, el popular Piquito sustenta que estuvo presente en ese histórico suceso bíblico. “Si estuve, ¿y qué”, -afirma Piquito en un tono desafiante en esta obra de autor anónimo. 

    En esta supuesta revelación, Piquito deja ver que la grotesca herida que le cruzaba la cabeza desde la nuca y le bajaba por la cara hasta la altura del páncreas, se la produjo un pan pañota relleno de chicharrón light que un pandillero lanzó desde la azotea de la Torre de Babel. Esta lesión perforante, le causó a Piquito una grave e incurable panoftalmia en el ojo derecho. 

    Cabe destacar, que muchos escritores e investigadores coinciden en afirmar que “el caso de Piquito es uno de los más llamativos de la historia universal”. Sobre todo, porque en torno a Piquito se han horneado a fuego lento, a fuego de amor encendido, muchas leyendas que se han convertido en el pan nuestro de cada día.  

    Algunas de ellas dejan ver que Piquito inventó el pan rallao, cuando a los 76 años comenzó a perder la dentadura. Sus panáticos más fundamentalistas afirman que Piquito fue el creador de la torta de pan y el bistec empanado. Testifican que además inventó el caminar pandeao, el pantalón y la media panty. Entre otras de sus supuestas creaciones, sustentan que inventó el pantóstato, la pantalla de los autocines, la pantufla, el panfleto, la pancarta, la pandereta, la pandola, el pantógrafo, la pandera, la pantaleta, la Caja de Pandora, el carro de combate panzer y el panche crema. Es bien sabido que Piquito se mostró partidario del pan americanismo; es decir, crear una gran cadena de panaderías que comenzara desde el río Pánuco en México hasta La Pantagonia. 

    Sus biógrafos aseveran que Piquito, ya decrépito y ciego, mientras comía pan rallao, haciéndose acompañar de una pandereta electrónica, acostumbraba cantar los himnos que el poeta mítico griego Panfo dedicó a Artemisa, Poseidón, Eros y Démeter. En el campo político, los panteístas, panlogistas y cultores de la pantisocracia lo cuestionan severamente por haber inventado, aparentemente, el alienante “pan y circo”.  

    En el campo económico, se afirma que Piquito fue el principal accionista de la línea aérea Pan American e introdujo por primera vez el pangaré en el sistema bancario internacional, procedimiento que las autoridades de las universidades venezolanas convirtieron en el llamado Pangaré de Honor. Sus defensores destacan que, como herencia a la humanidad, Piquito donó una pareja de osos panda a la ciudad de Panchiao, en Taiwán. 

    Aunque era creyente y practicante de la religión cristiana, cuando a Piquito le preguntaban por qué acostumbraba comulgar cada cinco años, solía responder: “Del pan bendito, un poquito”. Algunos poetas y escritores, entre ellos Panruti Panguipulli, afirman que Piquito es autor del poema: “Agua fría y pan caliente, / mata a la gente”, considerado como uno de los primeros versos que se escribieron en rima en el idioma español. 

    Lo único cierto de todo esto, es que el habitante del sector El Panete ganó su fama en toda la bolita del mundo con su desgarrante grito de guerra al hambre: “Se acabó el pan de Piquito”.  

    Sin haber podido saborear el famoso pan de jamón al ritmo de Los Panchos, Piquito, para demostrar que su vida no fue ninguna panacea, sino que vivió siempre empantanado, dejó de presentar su diaria pantomima al ser atacado por tres panteras hambrientas que le destrozaron la pantorrilla, el páncreas y su pantástica panza. Habiendo sobrevivido a esta bestial agresión, la prensa escrita tituló de manera unánime: “Piquito no es pan comido”. 

    Ocho meses después de sufrir esta espantosa embestida, se dice que Piquito cayó gravemente enfermo a raíz de una pandemia de panleucopenia, que lo llevó a cama cuando se encontraba de visita en la ciudad de Pangkalanbuun, Indonesia. Según sus biógrafos e historiadores, Piquito murió a los 103 años a causa de una pancreatitis, agravada por una terrible pancarditis que le rebanó su panificado corazón.

      

    Ante familiares, amigos y sus más fieles panáticos, el filósofo Pandolfo Pantoja, en un discurso panegírico, comunicó al mundo la desaparición física de Piquito. No obstante, a la hora del desayuno, el almuerzo y la cena, todavía se escucha en las alambicadas calles del barrio El Panete el grito: “Se acabó el pan de Piquito”, clamor que inmortalizó al más grande y voraz comedor de pan que haya existido en toda la Vía Láctea.  

    Sin que se haya determinado la causa de la confusión, algunos estudiosos afirman que los restos mortales del popular panadicto reposan actualmente en el Panteón Nacional de Pankistán. Otros sostienen que sus huesos descansan en un mausoleo secreto ubicado en Panlestina. En cambio, la historiadora Pandora Panela dice que Piquito fue enterrado en una fosa desconocida del cementerio central de Pangladesh. Definitivamente, hasta ahora se desconoce pandónde de llevaron los restos de Piquito.  

    Donde se encuentren, ¡pan a sus restos! 

BIBLIOGRAFÍA:

Panales, Pantagruel; (2006) La Luna no es pan de horno. Editorial Pan Negro. 

Pancada,  Pandino; (1999) La masa no está para bollos. Publicaciones Pancarta.

Pandrón Panza, Pantaleón; (1983) Los Tiburones de La Guaira se alimentan de pan y agua. Ediciones La Tinta del Panlamar.

Pandu, Panqué; (1989) Los panadictos y su pantomima. Imprenta Panteón.

Panela, Pandora; (2005) Piquito fue un gran pantallero. Editora Panasonic.

Pansini, Pancracio; (2001) Del pan de azúcar al pan salado. Publicaciones Los Panchos. Pantano, Pancho; El pan de harina de otro costal. Colección Tulipán. 

Pantín, Pandavas; (1997) Las historias pantásticas de Piquito. Tipografía Pantalla.

Pantoja, Pandáreo; (1983) El Pangaré de Honor en las universidades venezolanas. Fundación Panamericana.

Pantufla, Pánfilo; (2003) El bolillo no es pan francés. Editorial Pantorrilla. 

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1 comentario

Stephenson Prieto -

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